Frente a las alternativas de menor riesgo al tabaco (cigarrillos electrónicos, vapeo, pouches o bolsas de nicotina, snus y tabaco sin combustión), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y algunas sociedades médicas, consideran que su uso es perjudicial para la salud e igual de peligrosas —o de riesgo inaceptable—, que el tabaco, recomendando que sean reguladas con la misma rigurosidad que el tabaco convencional e incluso que sean prohibidas.
Entre las razones que esgrimen para realizar estas afirmaciones destacan:
- La nicotina que contienen produce adicción.
- El aerosol de los vapeadores tiene sustancias tóxicas y cancerígenas, metales pesados, formaldehído, acroleína y otros compuestos químicos que son cancerígenos o dañinos para el sistema cardiovascular y respiratorio, pudiendo producir EVALI o bronquiolitis obliterante.
- La exposición pasiva al vapor emitido es peligrosa para quienes rodean al consumidor en espacios cerrados.
- No hay pruebas suficientes que demuestren que estos productos ayuden eficazmente a dejar de fumar a nivel poblacional.
- Falta evidencia de que exista reducción de los daños producidos por el tabaco.
- Favorecen el inicio del consumo de tabaco en jóvenes.
- Muchos usuarios mantienen el consumo de tabaco a pesar de usar los cigarrillos electrónicos.
- Sus efectos a largo plazo son desconocidos.

Algunas de estas afirmaciones llaman mucho la atención, porque son taxativas, sin matizaciones, despreciando multitud de datos científicos y, sin que realicen una valoración comparativa de los daños y evidentes enfermedades producidos por el tabaco con las que son achacables a estas opciones de bajo riesgo. Ello genera una gran confusión, que probablemente favorecerá que muchos fumadores no consideren útiles estas alternativas y sigan fumando, perdiendo una oportunidad de mejorar su salud. Por ello es conveniente intentar clarificar la verdad, a través de las realidades científicas evidentes:
- La nicotina es adictiva, pero no es la que causa las muertes y repercusiones sobre la salud por fumar tabaco.
- El humo de la combustión del tabaco contiene alrededor de 7.000 productos, más de 60 cancerígenos de primer nivel y decenas de ellos altamente tóxicos, que son los verdaderamente responsables de los problemas para la salud de los fumadores, tanto activos como pasivos.
- En el aerosol de los cigarrillos electrónicos (vapeadores y tabaco calentado) existen entre un 99% y un 95% menos de sustancias nocivas que las que contiene el humo del tabaco de combustión del cigarrillo tradicional.
- Organismos como el Servicio Nacional de Salud y el Real Colegio de Médicos del Reino Unido, estiman que el vapeo es aproximadamente un 95% menos dañino que fumar tabaco.
- El riesgo de cáncer y de enfermedades cardiovasculares, disminuye de manera muy significativa en los usuarios de estas alternativas menos dañinas que el tabaco. Como se comprueba en Suecia, dónde utilizan el Snus -desde hace más de 40 años- y los cigarrillos electrónicos alrededor del 22% la población, pero ha disminuido el consumo de tabaco a menos del 5% y paralelamente la incidencia de estas enfermedades un 40%, en relación a las cifras existentes en la Unión Europea.
- En aquellos países en los que se utilizan los cigarrillos electrónicos y los otros productos de disminución de daños, como Suecia, Gran Bretaña, Nueva Zelanda, etc., ha disminuido el consumo de tabaco convencional de manera significativa.
- En la encuesta ESTUDES, realizada en España a estudiantes de 14 a 18 años, ha aumentado, en los últimos años, el número de jóvenes que usan los vaper, y paralelamente existe un descenso continuado del número de fumadores.
- La enfermedad pulmonar denominada EVALI no es causada por los cigarrillos electrónicos. Está asociada al uso de acetato de vitamina E de líquidos de cannabis comprados en el mercado negro de EE.UU. Mientras que la bronquiolitis obliterante está producida por diacetilo, que es un saborizante que sí se añade legalmente a los cigarrillos convencionales, pero que está prohibido en los dispositivos de vapeo.
- El humo del tabaco de combustión es el responsable de que cada año mueran más de 1.300.000 de fumadores pasivos, mientras que no se han demostrado efectos significativos sobre las personas pasivas que inhalan el aerosol de los cigarrillos electrónicos

En cualquier caso, es cierto que estas alternativas, sin humo, contienen sustancias peligrosas y no son completamente inocuas. No son para que las usen los que no fuman y mucho menos para los jóvenes. Lo mejor, evidentemente, es no fumar, pero aquellos fumadores que no quieren o no pueden dejar de fumar, pueden utilizar estos productos para disminuir los daños del tabaco y en muchos casos como paso intermedio para después dejarlo todo completamente.
Proteger la salud publica es el objetivo fundamental que toda sociedad debe perseguir, pero es prácticamente imposible evitar completamente los riesgos, en cualquier actividad humana. Así ocurre con muchos productos de alimentación, que contienen sustancias tóxicas, conservantes, contaminantes, etc. Aún más problemáticos son los productos ultraprocesados, claramente responsables de múltiples problemas para la salud y mucho más las bebidas alcohólicas y el tabaco, que son causa de más de 12 millones de muertes prematuras anuales en el mundo.
Todos estos productos están regulados de manera más o menos estricta, a veces bastante laxa, pero en ningún caso existe esta aparente animadversión, casi cruzada, que tienen algunos Organismos y sociedades médicas contra las alternativas al tabaco. Alternativas que no están exentas de riesgos, pero sí han demostrado, allí donde se utilizan, una alta capacidad para disminuir las enfermedades relacionadas con el tabaco y también para disminuir su consumo. ¿Por qué? ¿Por qué no contrastan las realidades científicas?
Dr. García Basterrechea
Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Murcia
Especialista en Medicina Interna por la Universidad de Murcia
